12 Sep 2016

Son las 11:00 de la noche de nuevo, más tarde de mi hora de dormir, pero permanezco sentado frente al ordenador. Estoy tan cansado que casi no puedo teclear. He estado buscando sexo en Internet por más de seis horas seguidas. Hay cosas que tengo que hacer pero esas cosas tienen que esperar. Estoy empezando a olvidar cosas y empezando a ser poco cuidadoso. Mañana no encenderé el ordenador.

La mañana llega y me miro mi cara en el espejo. Hay círculos oscuros debajo de mis ojos. Estoy sin afeitar, despeinado, viendo todo este desorden. Este será otro largo día en el trabajo.

Ahora estamos en el atardecer , estoy feliz de que otro día termine. Tengo que lavar, ir de compras y algunas otras cosas, pero he regresado de nuevo al cibersexo y a la pornografía en Internet. Cada mujer se ve como si fuera ” la única” . Veo a todas las personas con lujuria en mi corazón. Estoy de nuevo perdido en mi fantasía. No puedo esperar de nuevo llegar a casa y encender el ordenador. Me digo a mi mismo ” esta noche no “, pero solo termino la mitad de las cosas que tengo la intención de hacer y corro a casa para estar en Internet. De nuevo.

Comencé mi viaje por el sexolismo con revistas para hombres que encontraba en mi casa. Así como la tecnología avanza, así mi adicción. Seguí con películas de video. Cuando el primer ordenador apareció, inmediatamente comencé a introducirme en las salas de chat, imágenes en Internet, y planificando encuentros con gente.

Siempre me sentí diferente de la gente. Conocí una mujer en Internet y tuve una relación con ella, quedó embarazada y quiso tener el bebé. Yo no quería tener un niño con esta mujer. Oré “Dios si tu me sacas de esto, seré bueno”. Cuando ella abortó yo continué con mis andanzas. Cuando recibí la llamada de una mujer con la que estaba chateando, mi novia (ahora mi esposa) oyó el mensaje del teléfono y me preguntó quien era, yo mentí.

La traición y la negación continuaron hasta que un día vi un programa de televisión acerca de los sexo adictos. Encontré que podía contar mis historias.

Decidí buscar ayuda. El intentar parar sin éxito una y otra vez fue la prueba final de lo impotente que era. No veía una salida salvo por una
intervención divina. La espiral descendente se detuvo cuando encontré SA.

Recuerdo la primera reunión como si hubiera sido ayer, esta fue hace siete años. Tres miembros me acogieron como nuevo miembro. Sentí que había llegado a un hogar cálido y acogedor. Nunca más volví a estar solo. Aquí había hombres y mujeres que entendían y compartían mi lucha y estaban dispuestos a ayudarme en mi cambio. Nunca más estuve temeroso de compartir mis pensamientos y experiencias.

Ahora creo que Dios tiene un plan para mi. La intención de Dios para mi era estar bien y poder ayudar a otros a estar bien. Esto nunca fue mas complicado que eso. Dios me salvó de todas las consecuencias de mi adicción, así que debo vivir para ayudar a otros. Hoy mi vida es muy diferente. Internet no es mi dueño nunca más. Me siento tentado pero no obsesionado. Ya no consumo tras sufrir una tentación por que tengo herramientas que puedo usar para ayudarme en tiempos difíciles. Soy parte de una comunidad en recuperación, que es más grande que yo. No tenía el poder de parar mi comportamiento y cambiar, pero Dios me ha cambiado a través del programa.

Esta enfermedad es mas poderosa que yo. Me hizo arrodillarme. Yo creo que Dios permitió esta enfermedad para tenerme cerca de Él y de esta forma poder compartir mi esperanza y recuperación con otros. Siempre estaré agradecido a SA, a la gente de esta confraternidad y al amor de Dios.

Un sexólico en recuperación

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