03 Sep 2017

El problema para ella no era el dinero, ella estaba dolorida conmigo,  yo no la respetaba, era despectivo con ella. Yo nunca pensé que los hombres y mujeres de los vídeos y fotos que yo disfrutaba como personas reales, eran solo actores  pagados por lo que hacían, aunque muchas veces parecía que lo disfrutaban. Lo que veía usualmente era algo que no quería para mí, pero que me gustaba ver a otros hacer.  Mi esposa veía esto como algo cruel y deshumanizado. El malestar fue creciendo y nos separamos. Fuimos donde un consejero matrimonial, éste y un amigo me recomendaron ir a SA.

Recuperarme de la adicción a la pornografía no ha sido fácil. Más duro que el alcohol, la droga y el cigarrillo. Me hundía en la pornografía cuando las cosas no iban bien, cuando me sentía frustrado en el trabajo o en casa  o cuando estaba  “hambriento, con ira, solo o cansado”.  Deseaba ver pornografía aún más con licor, cigarrillos o drogas. Peleaba para que las cosas no fueran  peor, y la posibilidad de que la siguiente imagen  me arreglaría  todo, mantenía la obsesión viva y largas noches sin dormir, dolor y resacas  de lujuria.

He tenido más de una recaída, pero ha crecido  mi aprecio y confianza por SA; algunas personas que han tenido éxito en otros programas de doce pasos tienen que comenzar todo de nuevo en SA. He aprendido que el primer trago  de pornografía empieza antes de encender el ordenador y comenzar la serie fatal de clicks del ratón.

He aprendido, lentamente, que un trago de lujuria siempre me trae una resaca,  siempre me trae depresión, remordimiento, dolor, resentimiento  directo con quienes me rodean. Algunas veces actúo  con esos resentimientos, patrones que eventualmente  me traen problemas en el trabajo, en casa o en la calle.

Ahora el programa de SA me mantiene sobrio, ayudándome  a encontrar mi camino personal hacia Dios en mi vida. SA me ayuda  a saber cuándo la lujuria maneja mis actitudes, pensamientos y acciones, cuando lo necesito conecto con mi poder superior con una oración, con una llamada a otro adicto que ha sufrido, quien entiende mi problema.

En AA entendí que “el primer trago es el que te emborracha”. Esto es realmente cierto para mí con la pornografía. El primer click me emborracha, pero Dios siempre está ahí para ayudarme a parar antes de que sea demasiado tarde.

(Anónimo)

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