01 Nov 2018

Estoy cansada y dolida de escribir y leer siempre el mismo dolor: abusos de niña, dejar que me abusen, abusar de otros… quiero que este dolor se quede en el pasado. No creo que deje de sentirlo pero intento hacerlo pequeño, lo aparco, integro el conocimiento que estas experiencias puedan tener (ahora lo dudo, aunque se dice que con el dolor crecemos tanto)  y empiezo de cero, si porque no tengo ni la menor idea de cómo se vive sin la ingobernabilidad que la lujuria produce en mi, sin la dependencia sexual, sin pensar con quien me voy a acostar hoy, etc. Es la inestabilidad que equilibraba mi vida, yo vivía dentro de la ingobernabilidad, todo podía ser muy planeado o totalmente improvisado, nunca sabia si lo planeado para mañana iba a suceder o habría “un plan mejor” que, por supuesto, elegía.

Me viene a la cabeza un mundo lleno de gente y de situaciones caóticas como si fuera una burbuja gigante y yo flotando dentro de él. Todo vale. Al final no creo tanto en ser víctima como verdugo, todo este universo desordenado de personas, algunas conocidas con las que guardo relación y bastante vergüenza y un número grande de “olvidados”, víctimas de mi incapacidad para poner límites, de mi impotencia para llegar al final y no salir corriendo antes (que el salir corriendo seguro que me salvó  de alguna mala situación), impotencia para decir no, no a mi misma; al final todas esas personas las utilizaba y consumía para subir mi ego, físico, mental y espiritual, subir a un lugar que no tiene nada que ver con la espiritualidad, ya que lo que hacia era empujarlos, figuradamente, hacia abajo para sentirme yo mas arriba, los consumía, a unos los dejaba atrás,  a otros los tiraba. Esta palabra “tirar” referida a una persona me hace sentir super mal, mala, despreciable, sucia y el dolor que ahora siento al escribir esto no lo tapo con lujuria ni otras drogas, lo siento en el esternón como un puñetazo, respiro y me dejo sentir ese dolor que ya es pasado y que no quiero repetir.

Este ha sido un año de tranquilidad física y mental. La mente se me va muchas veces con las distracciones lujuriosas y cuando me doy cuenta de donde me he ido, creo que estoy perdiendo el tiempo pero no, me estoy reafirmando en mi condición de adicta a la lujuria, a la vez que siento la abstinencia y la victoria progresiva sobre la lujuria; en definitiva, si paro esta manifestación de la enfermedad de la adicción, como ya he parado otras, siento la victoria progresiva sobre la enfermedad de la adicción en general.

No me costó parar  las drogas y pensaba que estaba todo controlado, pero mi enfermedad no se controla, no puedo esconder mis sentimientos de miedo a la vida, a las preocupaciones, a enfrentarme con la sociedad, baja autoestima, ego desmesurado, a mi pasado, a mi familia a…a… tantas cosas, controlando, al final esta energía negativa se me va a convertir en algo malo. Tengo que ir diluyendo estos sentimientos, sustituirlos por espiritualidad y aprender a vivir sin necesidad de tapar nada, cosa que me parece difícil, solo al escribirla, pero que veo en los compañeros que se puede hacer y yo soy de la teoría de que “si ellos pueden yo también”

Cuando tengo un sentimiento que me resulta desagradable y doloroso (cansancio, pena, soledad, autocompasión, sentirme desgraciada –no se muy bien lo que es-) trato de escaparme con la comida, con el dinero y hasta hace poco con el sexo, y ha sido al parar la lujuria cuando he entendido como recorre mi cerebro la enfermedad de la adicción, el significado de la renuncia y que una adicción sustituye a la otra. Poniendo el límite lo puedo parar todo, esto no lo he conseguido, pero como aquí de lo que se trata es de la lujuria… ¡pues a esto me refiero!

Agradezco a los compañeros de mi grupo presencial por la experiencia que comparten con honestidad, a mi madrina que ha sabido “pillarme” el ritmo y a mi amiga y compañera que me escucha todas las locuras y me acompaña en la vida.

Pilar

Miembro de SA. Agosto de 2018

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