28 Nov 2016

Historia de una Mujer Adicta al Sexo

0 Comment

Mi historia.

Lo primero que recuerdo es que pasaba cada minuto de mi tiempo libre leyendo historias de preciosas princesas frágiles salvadas por príncipes encantadores en caballos blancos. Pasaba horas y horas repasando cada detalle para que pudiese ser como la princesa, para que el día que llegase mi príncipe yo estuviese preparada para irme con él y vivir felices para siempre. En el parvulario, ya recuerdo como me atraían los chicos y especialmente la obsesión con uno en concreto, yo debía tener unos 4 años, edad más o menos dónde sufrí mis primeros abusos de tocamientos sexuales por parte del portero de la finca dónde vivíamos. Recuerdo que ya en esos momentos sentí la fuerza de la droga y como calmó el dolor del terror de vivir completamente aislada con un Padre ausente y adicto y con una Madre neurótica y adicta.

En este contexto empezaron 40 años de obsesión con la fantasía, los hombres, uno o varios a la vez, historias reales o fruto de mi fantasía y obsesión con mi físico. Encontré en estas obsesiones una fuente de placer y evasión. En mi temprana adolescencia me convertí en una chica pequeña y gordita observaba a las otras chicas, delgadas y hermosas y como los chicos las deseaban, sentía mucha envidia y quería ser como ellas. Esta fue la base de mi obsesión con mi cuerpo y aspecto físico, cuando descubrí el poder que me daba sobre los hombres ir vestida llamando la atención y provocativamente. Invertí muchas horas y dinero convirtiéndome en un objeto sexual para que los hombres me miraran y sintieran lujuria (mi obsesión era tal, que si salía de casa y no se giraban dos hombres antes de llegar a la esquina, podía ir a casa a cambiarme o pasarme todo el día sumida en una profunda tristeza por no ser objeto de atención).

Recuerdo obsesionarme con todo tipo de chicos, los difíciles, los guapos, los raros, los intrigantes, los callados, cada uno a su manera tenía algo que me atraía. Pero algo que me atraía con fuerza era la dificultad, me atraía la intriga, la conquista, el juego de conseguir al otro tras una larga batalla de desamor. Mirando hacia atrás en mi vida nunca me interesó el amor fácil yo quería la aventura de lo prohibido, la espera y luego la recompensa. El caso es que cuando finalmente conseguía al objeto de mi obsesión me sentía rara y extraña frente a él y en plena realidad no sabía cómo actuar y normalmente acababa dejando la relación y buscaba nuevamente otro objeto de mis fantasías para empezar nuevamente el ciclo de amor romántico, conquista y desamor.

Más tarde empecé a leer novela rosa y aquí descubrí otra mentira, que hay que luchar y sufrir para amar, infidelidades, adulterios, planes obsesivos para conseguir lo que deseas y por su puesto irreales escenas sexuales donde se culmina la historia. Aquí es donde empezaron la repetición compulsiva de escenas de fantasía con masturbación que utilizaba como forma de tapar el dolor de mi entorno disfuncional y hostil, la frustración que sentía de no poder tener una vida normal, la culpabilidad por los ataques de ira que empezaba a tener y sobre todo del hastío y la absoluta soledad.

A los 12 años tuve mi primer encuentro con un hombre mucho mayor que yo, aunque no tuvimos sexo, como resultado de ese encuentro la borrachera de lujuria fue inmediata descubrí una droga mucho más fuerte que cualquier cuento, novela, fantasía o masturbación. Desde ese día que entré en contacto con un hombre físicamente y experimenté la fuerza de la adicción, mi vida se convirtió en una búsqueda desesperada para volver a sentir esa sensación. Después de ese encuentro, quería más, tenía ganas de saber que era el sexo y a los 13 estuve con un hombre también mayor que yo al que solo había visto dos veces, algo se rompió en mi interior aquel día, nació en mi la compulsión para tapar el dolor de lo que vi con mis ojos y sentí en mi cuerpo. Solo lo podía tapar con más consumo, puse mi salud y mi vida en juego, sin protección, me fui con hombres que apenas conocía a cualquier lugar, a sus casas sin saber dónde estaba, volvía a casa de milagro, sintiéndome tan avergonzada y perdida y así me fui hundiendo más y más en la lujuria. Haciéndome sentir cada vez más pérdida en mí misma y sin saberlo alejándome cada vez más y más de la vida y la realidad.

Lo que más recuerdo es que no tenía ni idea de lo que me ocurría ni comprendía nada de lo que me pasaba yo creía que eso era normal porque toda mi vida estaba rodeada de lo mismo, de caos, escenas inapropiadas, horarios desestructurados, fiestas, consumos, violencia y arrestos, yo no sabía lo que era una vida normal. Como consecuencia no tenía ni valores, ni principios, ni moral, todo valía yo deseaba a los hombres como objetos de consumo sin importarme quien eran o lo que hacían. Ya que yo realmente no quería una relación solo historias fugaces nada que me atase para que pudiese seguir consumiendo libremente. Las relaciones serias me asustaban, la implicación emocional, el compromiso, aunque lo intenté en varias ocasiones siempre acababa siendo infiel o hiriendo con mis conductas.

Llegó un día que me empecé a asustar de mi conducta y consumo, me empezaba a sentir sucia y como una cualquiera y las personas hacían comentarios sobre mi promiscuidad. Decidí disfrazar mi adicción y convertirme en una mujer recatada y buscar relaciones estables, pero mi adicción seguía muy viva en mi cabeza. A sí que empecé una lista de relaciones estables que normalmente acababan con infidelidades o convenciéndome de que no era el hombre de mi vida. Pasé muchos años en esta locura pasando de ahogarme en relaciones estables, a estar soltera y morirme de la soledad. Llegó un punto que no podía estar ni sola ni acompañada.

Finalmente pensé que con el matrimonio encontraría la solución y a los 23 me casé, la boda de princesa que había soñado con un buen hombre, pero el matrimonio duró 1 año ya que me obsesioné hasta la locura con un compañero de trabajo casado y con hijos y decidí separarme para irme con este hombre, relación que acabó en desastre. A partir del momento en que vi el dolor de la cara de mi marido y el desmontaje de todo el compromiso de mi matrimonio entré en una espiral descontrolada de autodestrucción: consumo de alcohol, drogas, estupefacientes que tomaba a todas horas, ya que no podía vivir, la ansiedad me consumía. Iba por la vida de una cosa a otra compulsivamente y aprovechando cada ocasión que podía para ir a consumir y buscando algún hombre con el cual huir del dolor que sentía del caos de mi vida. Mi mente siempre dispersa, en otro lugar divagando por todas la imágenes que pasaban por ella. Destrocé mi matrimonio y a día de hoy la única posibilidad real que tuve de tener un marido y una familia. En mis locuras quedé embarazada dos veces y aborté a mis hijos pensando que ya vendrían otros, algo que no ha ocurrido.

Buscaba desesperadamente encontrar algo de bienestar y estabilidad en mi vida, pero mis relaciones afectuosas y sexuales eran una farsa, yo solo era una mujer intoxicada que pretendía estar bien pero no podía conectar con nada ni nadie. Era tal el desconocimiento de lo que me ocurría que pensaba que era por mi físico y puse tal empeño en cambiar que me convertí en una mujer de plástico, tenía toda la atención que quería pero era toda superficial y vacía, sin darme cuenta me volví adicta a ser deseada. Hasta que acabé con alguien igual de intoxicado de lujuria que yo y en una relación de maltrato donde me forzó varias veces. Vi peligrar mi mente y mi vida, nada funcionaba me quedé paralizada y helada ya no sentía nada! el desespero y la locura era tal que por primera vez le pedí ayuda a Dios.

Milagrosamente recibí la llamada de una antigua amiga que me pasó el mensaje de SA. Cuando escuché la definición de Sobriedad para mí fue una bendición era todo lo que estaba buscando. Llevo 3 años sobria sexualmente y venciendo la lujuria progresivamente, ya que día a día descubro sus diferentes disfraces y cuanto más renuncio y paso por el dolor que eso conlleva, consolido mi Sobriedad y soy más libre de sus garras y de su obsesión.

Este programa me ha ayudado a estar sobria sexualmente y a liberarme día a día de la fuerza destructiva de la Lujuria. La Sobriedad me ha devuelto la claridad y paz mental, la dignidad, la capacidad de amar incondicionalmente y poco a poco estoy poniendo orden en mi vida, construyendo una Nueva Vida para sostener mi Recuperación. Hoy sé lo que me ocurría, sufría de la enfermedad del Sexolismo, era una mujer adicta al sexo, pero tengo una alternativa, ahora sé que hay una Solución seguir formando parte de Sexólicos Anónimos que es donde encuentro la liberación y la verdadera paz.

(Mujer SA)

[top]
Leer más
Mintiéndome a mi mismo. Soy sexólico.

Estoy en SA sobrio desde hace 7 años, hoy soy un sexólico agradecido.  Por SA, vivo una vida que vale...

Cerrar