14 Feb 2019

Ya no puedo continuar así y estoy dispuesto a hacer lo que sea para parar

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¿Por qué estás aquí? Si la respuesta es “Ya no puedo continuar así y estoy dispuesto a hacer lo que sea para parar”, entonces continúa leyendo.

“Me sentía listo para la sobriedad. De hecho, lloré mucho aquella primera semana, pero esta vez era de alivio. Los veteranos me dijeron que me asegurara de que verdaderamente estaba listo, comienzos tibios en el programa simplemente no sirven. “Si no estás seguro, vete y prueba con el dolor un poco más”, dijeron. Me preguntaron si tenía otras opciones aparte de parar completamente. Tuve que decir que no.”

Somos sexólicos. Hemos pasado por un infierno personal para llegar a la recuperación. Hay un camino de salida. Hemos escrito este libro para compartir nuestras experiencias contigo. La mayoría de nosotros llegamos a Sexólicos Anónimos desesperados por nuestros comportamientos sexuales destructivos. Habíamos llegado a un nivel de dolor en nuestras vidas que ya no podíamos tolerar más. Quizás habíamos visto por primera vez a donde nos estaba llevando nuestro comportamiento, y el miedo nos hizo buscar ayuda antes de que las cosas se pusieran todavía peor. Sinceramente o por casualidad puede que hayamos probado numerosas maneras de parar. Para muchos de nosotros tuvieron que pasar años antes de llegar al punto de preguntarnos qué había ido mal.

Desde el principio pensamos que el sexo o la lujuria era nuestro amigo. Lo usamos como refugio para escapar del dolor, para escapar de la vida. Para muchos de nosotros comenzó con fantasías. Estas visiones nos sacaban de una atribulada vida de familia, relaciones sociales incómodas, dudas sobre nosotros mismos o abusos dolorosos. Las fantasías tenían que ver con el poder, la magia, el romance, la seguridad y el sexo. Al principio estas fantasías funcionaron. Reducían el estrés, ofrecían protección y hacían que nos sintiéramos útiles, importantes y amados. Con el tiempo las fantasías comenzaron a exigir más de nuestro tiempo y energía. Al final tomaron el control y ya no pudimos frenarlas: ellas nos frenaron a nosotros.

“Cuando miro hacia atrás y veo cómo creció mi adicción, ésta era como un tornado. Al principio era pequeña, con poco impacto visible en nadie, apenas una nubecita trenzada en el aire. Pero con el tiempo creció ganado impulso y poder. Comenzó a dañar cosas a través de explosiones de ira, arrebatando tiempo y dinero a la familia. Escasa al principio, pero creciendo cada vez más poderosa, comenzó a consumir todo a la vista: mi tiempo, una considerable cantidad de dinero. Entonces empezó el abuso verbal constante hacia mi esposa y familia. Finalmente encontré mi camino a SA justo cuando mi tornado estaba a punto de destruir todo lo que tenía.”

Los valores morales y rasgos de carácter que en otro tiempo nos guiaron, dieron paso a la búsqueda de placer egocéntrico. Atrapados en nosotros mismos, violábamos los límites familiares, sociales, personales y legales una y otra vez. Para el sexólico, la lujuria había cambiado al sexo y este había pasado de ser un instinto natural a ser una compulsión antinatural. Nos enfrentábamos a un dilema. Las sensaciones y acciones que creíamos eran las que más necesitábamos para vivir en el mundo nos estaban matando y estaban destruyendo todo amor. Por el camino nos dimos cuenta de que la lujuria se había convertido en un problema más grande que los problemas que estábamos tratando de evitar. Una vez que empezábamos a usar la lujuria, no podíamos parar. Estábamos fuera de control. Comportamientos que antes sólo imaginábamos ahora eran practicados. Relaciones que una vez atesoramos quedaron en segundo lugar después del sexo y la lujuria. Estábamos atrapados.

“Tengo una esposa que me ama, unos hijos correctos y maravillosos, una casa bonita en una buena ubicación y el dinero suficiente para poder disfrutar. Entonces ¿por qué voy por ahí tratando de arruinar mi vida con las aventuras que he estado teniendo? ¿Qué me pasa?”

Nuestro problema con la lujuria ha sido comparado con el problema del alcohólico con el alcohol. Así como el alcohólico no puede tolerar un trago de alcohol, nosotros no podemos tolerar ni siquiera el más mínimo “trago” de lujuria. La lujuria siempre nos llevó a más lujuria, hasta acabar borrachos con ella. Una vez ebrios, el empuje a practicar la adicción con sexo era imposible de resistir. Peor aún, la lujuria nos llevaba cada vez más hacia comportamientos que nos habíamos prometido a nosotros mismos que nunca íbamos a llevar a cabo. Esta era la verdadera naturaleza del problema con el sexo y la lujuria: que estábamos demasiado borrachos para ver la realidad.

“Hacia el final de mi adicción, el dolor fue tan fuerte que un día le conté a mi terapeuta todo lo que había estado haciendo. Le dije hasta qué punto esto se parecía a lo que fue el alcohol para mí hace ocho años: un verdadero infierno. Y entonces le pregunté si esto podía ser también una adicción -al igual que lo era el beber- y él me contestó: “¡oh sí, no te quepa duda!”. Gracias a Dios por su contestación. A la noche siguiente acudí a mi primera reunión de SA.”

Una vez que aceptamos que la lujuria era el principal problema y que nuestro comportamiento sexual compulsivo era su consecuencia, la idea de que podíamos detener el comportamiento sexual no deseado mientras permitimos que la lujuria viviera en nuestra cabeza, tenía que ser eliminada. La conclusión era inevitable: la lujuria tenía que cesar si es que íbamos a detener los comportamientos sexuales destructivos.

Encontramos que no podíamos recuperarnos con éxito sin el apoyo de una fraternidad de otros sexólicos. Aprendimos que primero teníamos que parar nuestras prácticas sexuales compulsivas en todas sus formas y buscar una solución a nuestro problema. Descubrimos que teníamos que examinar nuestro carácter y buscar cómo cambiar aquellos patrones que en un principio nos llevaban a tener que recurrir a la fantasía y al mal comportamiento sexual. Este era el camino hacia la meta de la sanación de toda una vida de pensamientos y acciones malsanas.

Habiendo llegado hasta aquí estábamos listos para tomar la decisión de seguir el sencillo programa de recuperación de SA. Para muchos de nosotros, el primer nuevo comportamiento fue el comenzar a asistir a reuniones. Lo siguiente fue comprometerse con la definición de sobriedad de SA. Estuvimos dispuestos a escuchar la experiencia, fortaleza y esperanza de recuperación compartida por otros miembros en las reuniones. Conseguimos un padrino y comenzamos a seguir la guía de otra persona, no la nuestra. Por primera vez nos dimos cuenta que había un camino hacia la liberación de la fantasía y la lujuria.

“Encontré un padrino inmediatamente, y su sugerencia de llamar a diario fue de gran ayuda. “Júntate con los ganadores” me dijo. Y qué bueno que me dijera eso porque por mí mismo yo no era capaz de tratar con la realidad tal como la realidad era. Él también fue mi guía a través de los Doce Pasos.”

Trabajar los Doce Pasos con la guía de un padrino es el núcleo del programa de SA. Asistir a reuniones, unirnos a la Fraternidad y seguir las Doce Tradiciones nos da el apoyo necesario en este viaje. Un día a la vez nos mantenemos sexualmente sobrios. Te damos la bienvenida para que te unas a nosotros en este camino.

(Del libro Pasos en Acción, págs. 11-13)

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