Me llamo Antonio y hoy puedo decir que estoy agradecido de ser adicto a la lujuria.
Todo empezó a los 4 años, cuando encontré una revista pornográfica debajo del colchón donde dormían mis tíos. Fue “esclavitud” a primera vista. A pesar de saber que lo que veía no era bueno para mí, no pude resistirme; y lo que empezó como curiosidad, acabó encadenándome. A las revistas prosiguió la fantasía, los vídeos pornográficos, los chats en internet, la masturbación y algo de sexo.
Al trabajar el programa y experimentar la sobriedad, me di cuenta de que mi problema principal no era la lujuria, sino el miedo, la ira, la vergüenza, la deshonestidad… Al no aceptar ni saber gestionar lo que sentía, todo desembocaba en lujuria.
SA me ha salvado la vida. He podido conocer a mi Poder Superior y estoy aprendiendo a aceptar y abrazar lo que soy, tener mejores relaciones con los demás y experimentar paz sin importar los desafíos que se presentan. ¡Solo por hoy!
